miércoles, 14 de diciembre de 2011

EL DIÁLOGO COMPRENSIVO ENTRE LAS ESCUELAS PSICOLÓGICAS CONTEMPORÁNEAS. Prof. Jaime Sánchez




Desde finales del siglo XIX ya se anunciaban los límites de concebir a la psicología como una ciencia experimental derivada del diseño de las ciencias naturales.

Fue así como Wilhen Dilthey planteó desde aquellos días la necesidad de distinguir a las ciencias humanas o del espíritu, de las ciencias naturales. Para él, las ciencias naturales se distinguían por ser explicativas y constructivas de relaciones causa – efecto. Mientras que las ciencias del hombre o como él las llamaba ciencias del espíritu, se caracterizarían por orientarse al estudio de las conexiones de sentido que se establecen en el marco temporo – espacial de una vivencia.

Para Dilthey la vivencia era irreductible e indubitable, en la medida en que es dada como un todo inmediato para quien la experimenta en sí mismo.

“La psicología explicativa pretende subordinar los fenómenos de la vida psíquica a una conexión causal por medio de un número limitado de elementos unívocamente determinados por el pensamiento. En contraste, la psicología descriptiva y analítica que denominamos comprensiva, consiste en la exposición de las partes y conexiones que se presentan uniformemente en toda vida psíquica humana desarrollada, enlazadas en una única conexión que no es interferida o interpolada por el pensamiento, sino simplemente vivida.” (Dilthey, 1945)

Así la vivencia es lo experimentado, lo insustituible y transferible, de lo cual no tengo duda porque me acontece a mí en la intimidad de la experimentación directa. Como mencionaría Eduard Spranger (1949): “La más vigorosa fantasía no puede sustituir a la propia vivencia. Y lo más íntimo es distinto en cada uno.”.

Eduardo Nicol plantearía más tarde que la fuente de todo conocimiento psicológico es la experiencia, en la medida de que todo conocimiento psicológico es siempre un conocimiento inmediato.

La comprensión es un conocimiento "estructural" o sea integrado por elementos o miembros interrelacionados inseparablemente en una conexión global que nos brinda un "sentido" o significado humano referido a la comprensión real empática del investigador. No se trata de un conocimiento causal que explique con certeza desde "fuera" el origen de nuestras vivencias sino de un conocimiento motivacional que hace comprensibles desde "dentro" el origen de nuestras vivencias surgiendo de otras vivencias eslabonadas con las que simpatizamos covicenciando connaturalmente.

Karl Jaspers dedica la segunda parte de su Psicopatología General al estudio de "las conexiones comprensibles de la vida psíquica", agregando como subtítulo "Psicología Comprensiva", refiriéndose a la búsqueda de la comprensión real mediante la triple investigación del "vivenciar", de lo "percibido" y de "lo hablado" por el paciente. Esta triple investigación se hace para reunir los datos subjetivos (fenomenológicos) de la forma de las vivencias y de los datos objetivos percibidos en los rendimientos en los fenómenos somáticos, las expresiones, la conducta en el mundo circundante y la obra producida así como los datos del contenido objetivo de la vida psíquica del paciente, manifestada oralmente en su discurso mediante la conversación entablada y sostenida por el investigador.

Esta tarea de exploración, de descripción de las vivencias, de observación y registro de datos objetivos, no es la psicología comprensiva. Es la tarea previa a la psicología comprensiva, la cual consiste en relacionar las vivencias y eslabonarlas por evidencia del surgimiento de unas y otras hasta obtener una totalidad comprensiva empática con clara significación humana.

El término comprensivo debe ser revisado en algunos autores cuyas obras fundamentaron su uso, como Wilhen Dilthey y Eduard Spranger. Desde tales fundamentaciones, se habla de Psicología Comprensiva, como un modelo dialógico entre las escuelas psicológicas cuyo fundamento es el estudio de la vivencia psicológica humana, desde una perspectiva cualitativo – experiencial fenomenológica y hermenéutica.

Así, se reitera una vez más que la psicología como disciplina científica, no consiste solamente en la exposición o descripción de los fenómenos psicológicos por parte de cada escuela o marco de referencia teórico – práctico, sino en la revisión permanente de la noción fundamental del ser del hombre que subyace a toda teoría (Ontología del Vínculo Relacional), sus criterios de ciencia (Epistemología de la Comprensión), y sus formas de abordaje de la experiencia humana (Fenomenología y Hermenéutica).

De ésta manera, son superadas las viejas querellas estériles entre movimientos teóricos que polarizaban posiciones, sin ofrecer mayor perspectiva de desarrollo a la joven ciencia del comportamiento.

1. ONTOLOGÍA DEL VÍNCULO RELACIONAL. La noción fundamental del ser del hombre u ontología, es entendida en las escuelas psicológicas contemporáneas más allá de la oposición clásica entre objetividad y subjetividad, mundo interior y mundo exterior, el yo y los demás. La noción de relación como aspecto fundamental y constitutivo del ser humano, ha permeado las distintas orientaciones del pensamiento psicológico actual.

Es así como en el caso del psicoanálisis el concepto “relacional” ha sido un concepto “paraguas”, que incluiría no sólo lo interpersonal, sino también la teoría de las relaciones objetales, la Psicologíadel Yo y otros puntos de vista.

En ésta escuela, el centro del pensamiento interpersonal fue el William Allanson White Institute (WAW). Éste se estableció a partir de la división del New York Psychoanalitic Institute, promovida por Horney y Thompson que, a pesar de no ser un grupo homogéneo, compartían la visión de mantener sus diferencias. Junto con Erich Fromm, formaron la Asociación Americana para el Desarrollo del Psicoanálisis (AAAP), que fue conocido como el grupo Horney. Esto derivó en la creación del programa del Colegio Médico de New Cork, que muchos conocieron como el “Flower-Fifth Avenue Group”, y que muchos de la AAAP siguieron. De aquí derivó el establecimiento del William Allanson White Institute formado por Thompson y Fromm, seguido por Sullivan, Fromm-Reichman y Janet y David Rioch. Fueron estos analistas con un pensamiento social los que comenzaron WAW. Todos más allá de sus disidencias se habían propuesto integrar el impacto de la cultura y de lo social, de lo interpersonal y de lo político, dentro del pensamiento analítico.

Por su parte la Psicología Cognitiva, a pesar de haberse convertido en uno de los enfoques actuales más aceptados y populares, ha experimentado importantes vacíos en sus concepciones clásicas, lo que ha permitido que en sus versiones más contemporáneas se plantee: (1) Un mayor interés por experimentar con nuevas ideas y técnicas de otras tradiciones psicoterapéuticas (en especial con los abordajes humanistas experienciales y las terapias interpersonales); (2) Un creciente interés por los procesos inconscientes (aunque reformulados desde la psicologia cognitiva); (3) Una critica a los planteamientos filosóficos objetivistas (que se manifiesta en la corriente constructivista de la terapia cognitiva) y (4) La importancia central de la relación terapéutica como vía de cambio terapéutico.

Es precisamente desde el último punto reseñado de donde parte el enfoque de terapia cognitiva de Safran y Segal (1991). Tradicionalmente la terapia cognitiva de Aaron Beck y Albert Ellis, habia separado la relación terapéutica de los ingredientes activos de la terapia, y no la consideraban un requisito previo para el proceso de cambio. El supuesto central de la terapia cognitiva interpersonal (TCI) es que el individuo siempre debe ser considerado como parte del sistema interpersonal en el que está participando. De la misma manera que ocurría en la psicoterapia conductual, reseñada en el punto anterior, el terapeuta cognitivo se venia presentando como un simple técnico que aplicaba unos protocolos de eficacia demostrada en diversos trastornos. Para Safran y Segal este enfoque representa solo los aspectos más superficiales del cambio psicoterapéutico, pareciendo incapaz de adaptarse a los problemas más complejos de la clínica (trastornos de personalidad, relaciones interpersonales problemáticas crónicas). Lo esencial aquí es hacer hincapié en el proceso relacional subyacente a través del cual se produce el cambio.

Finalmente, la Psicología Fenomenológico – Existencial desarrollada en los años 20 y 30 con los aportes de Karl Jaspers, Erwin Straus y Ludwig Binswanger entre otros, y cuya versión americana tardía llegó a Colombia con el nombre equívoco de Psicología Humanista, ha mostrado desde sus orígenes un especial énfasis en la interpersonalidad como dimensión específicamente humana.

La condición fundamental del hombre como ser – con – otro, del alemán “mitsein”, orienta la concepción del hombre, la psicopatología y la psicoterapia fenomenológica - existencial y sus seis principales tendencias teórico – practicas: (1) La Logoterapia, (2) las Terapias orientadas Experiencialmente, (3) la Psicología Transpersonal, (4) la Gestalt, (5) la Psicoterapia Existencial, y (6) la Psicología Fenomenológica.

2. EPISTEMOLOGÍA DE LA COMPRENSIÓN. La idea de la comprensión constituye un principio epistemológico central de las Ciencias del Hombre, y en particular de la Psicología como disciplina científica.

Wilhem Dilthey fue el primero en establecer la distinción fundamental entre las ciencias de la naturaleza y las ciencias del hombre, refiriéndose a la comprensión como el criterio a través del cual: “la investigación psicológica surge de la vivencia misma, arraigándose firmemente en ella, para mantenerse sana y fecunda.” (Dilthey, 1945)

De ahí a que el tema de la psicología sea concretamente el hombre, en segundo lugar el desarrollo de su potencial, y en tercer término, el sentido de su existencia; es decir el ser en su mundo interior y su mundo circundante, (Amar, 2001) entendiendo la comprensión, como la captación vivencial de los fenómenos psicológicos en sus escisiones, oposiciones y relaciones.


Desde esta perspectiva, la psicología es una ciencia del hombre y de la naturaleza, ya que el hombre es simultáneamente materia humana y materia social. El hombre es al mismo tiempo ser orgánico, ser social y ser psíquico. Así, el tema de la psicología se encuentra entre la biología y las ciencias sociales.


Así la comprensión o la denominada psicología comprensiva no es un vano intento de integración monoteórica de las escuelas psicológicas, sino un criterio epistemológico fundamental que ubica a la psicología en el encuadre o modelo científico que le corresponde como ciencia del hombre.

3. FENOMENOLOGÍA Y HERMENÉUTICA. Los fenómenos humanos son muy complejos para ser estudiados utilizando únicamente los métodos cuantitativos de investigación. Los cualitativos, específicamente la fenomenología descriptiva o eidética y la interpretativa o hermenéutica, son más apropiados para entender y describir aquellos fenómenos humanos que competen a la psicología como disciplina científica.

La fenomenología eidética, o descriptiva, y la fenomenología hermenéutica, o interpretativa, son distintas escuelas del pensamiento.

Las metodologías que están basadas en éstas escuelas son distintas. La particularidad entre las metodologías fenomenológicas y las eidéticas no radica en las técnicas específicas aplicadas, sino en los objetivos y las tareas de los métodos de investigación asociados.

La fenomenología eidética como método de investigación se basa en la tesis de que hay estructuras esenciales a cualquier experiencia humana, y son las que constituyen cualquier experiencia. Cada experiencia única está compuesta de estructuras distintas que modelan la experiencia específica de manera igualmente única. Cuando estas estructuras son aprehendidas de manera conciente, adoptan un significado que es el significado (o verdad) de esa experiencia para los participantes.

El objetivo de la fenomenología eidética, entonces, es describir el significado de una experiencia a partir de la perspectiva de quienes la han tenido – esto es, describir el significado de una experiencia a partir de la visión del mundo de quienes han tenido esta experiencia y como resultado le han adjudicado un significado -. Los investigadores ponen entre paréntesis sus preocupaciones, reflejan sobre estas experiencias que fueron descritas, e intuyen o describen las estructuras esenciales de las experiencias estudiadas.

Esta descripción eidética empero, no es solo una perspectiva individual y subjetiva de la experiencia u opinión de un significado. Es la descripción de un significado que es eidético, fundamental y esencial a la experiencia, sin importar qué individuo específico la tenga. Esta constitución o descripción eidética del significado de la experiencia se puede lograr sólo por medio de la reducción. La reducción es el proceso de hacer a un lado el mundo natural (incluso se podría decir el mundo de la interpretación) para ver el fenómeno como es en su esencia. La reducción es el proceso de observar la experiencia con ingenuidad, sin las precondiciones, los prejuicios y los sesgos que suelen traerse a cualquier descripción. Para lograr esta reducción en la investigación fenomenológica se ha desarrollado una variedad de técnicas, la más común de las cuales es identificar y articular las presuposiciones antes de la recopilación y el análisis de datos.

La hermenéutica como método de investigación reposa sobre la tesis ontológica de que la experiencia vivida es en sí misma esencialmente un proceso interpretativo. La tarea fenomenológica es una de autointerpretación ontológica explícita (Burch, 1989). La hermenéutica como metodología de la investigación es un modo de manejar las interpretaciones de manera sistemática (Bolton, 1987). La comprensión y las posibilidades son el resultado de las interpretaciones y están ligadas a las normas culturales.

Para quienes practican la hermenéutica, el análisis constitutivo no es sólo vigilar a los fenómenos formarse en la conciencia, sino más bien una acción de interpretación de figura y estructura (Spiegelberg, 1982). Se trata de un acto más espontáneo de percepción por medio del cual se trae el sentido desde los horizontes históricos para cristalizarlo en la formación gestáltica de la cosa (das Ding en términos de Heidegger), cuyo significado se puede interpretar solamente a través de su historia (Langan, 1970).

El concepto o sujeto investigado posee su significado por el contexto que le damos. El significado conceptual se pone dentro del contexto de una relación de cosas en el mundo, que precede y siempre trasciende el significado. Si ha de hacérsele alguna justicia a la manera como se forman los conceptos (Bolton, 1987) la noción de “ser – en – el – mundo” es inevitable.

El método, donde existe, se centra en lo inequívoco y sistemático de las interpretaciones del significado. Se entiende que la interpretación ocurre en contexto. Tanto la experiencia cotidiana del sujeto como del investigador participan en tal contexto.

Lo que falta en las descripciones actuales de los métodos de investigación hermenéuticos, sin embargo, es el sentido del Ser. El objetivo es comprender el mundo Verfallen del ser, más que comprender el Ser. Los investigadores hermenéuticos actuales en su giro hacia las preguntas o ciencias epistemológicas, se han alejado de la fenomenología ontológica de Heidegger y han abandonado la búsqueda filosófica del significado del Ser, pues la hermenéutica se constituye en el método por medio del cual se lleva a la realidad tal búsqueda. Para el método de investigación que es hermenéutico, ahora se supone el Ser. La metodología interpretativa sistemática que es investigación hermenéutica tiene prioridad sobre la búsqueda del Ser, si es que ésta búsqueda aún existe. 

Finalmente, resulta de mucha utilidad examinar el planteamiento de algunos representantes contemporáneos de las escuelas psicológicas clásicas, cuyas propuestas proponen un diálogo abierto en lo expuesto hasta aquí.

La Psicología Hermenéutico - Dinámica de Rainer Holm – Hadulla (1999).


Según éste autor, en los últimos años se observa en los diferentes procedimientos psicoterapéuticos una disminución de la tendencia a polarizar los diversos enfoques y métodos terapéuticos, lo que antes se hacía a menudo incluso distorsionando la descripción de lo que hacían las otras escuelas. Esta tendencia nueva apunta a un trabajo más centrado en el paciente que en los métodos. Pero, al lado de las ventajas de ésta evolución, también hay que considerar los inconvenientes que consisten en la proliferación creciente de un polipragmatismo psicoterapéutico poco transparente.

Empero para Holm – Hadulla, existen cuatro aspectos básicos que toda psicoterapia de carácter dinámico debe tener en cuenta en la actualidad:

1. La Relación Terapéutica. La importancia de la relación personal para el éxito de tratamientos o asesoramientos psicoterapéuticos, es un hecho asumido por casi todo el mundo. Cualquier conoce el fenómeno de que un mismo mensaje dicho por diferentes personas, ya sea un sacerdote, un profesor o un médico, produce efectos diferentes.

Es clásico el episodio psicoanalítico del caso de Anna O, cuando Breuer se sorprendió por el factor subjetivo que intervino en el tratamiento. Freud (1895), a quien Breuer derivó esta paciente por no poder tratarla, reconoció el papel que desempeña la relación con el terapeuta. Según Freud, esta relación representaba una reedición de los esquemas de relaciones anteriores que había ido marcando la vida de la paciente. A partir de ésta y similares experiencias, Freud convirtió el análisis de la relación con el terapeuta en el eje de los tratamientos psicoanalíticos. Esta acentuación de la relación subjetiva con el terapeuta tenía que ser una provocación para el ideal de objetividad de los investigadores de los procedimientos psicoterapeuticos, que le reprochan al psicoanálisis una falta de cientificidad.

Un enfoque como la Psicoterapia Hermenéutico – Dinámica pone el momento subjetivo en el centro del asesoramiento y del tratamiento psicoterapéutico, pero al mismo tiempo ofrece criterios objetivos para la verificación de la adecuación de las intervenciones terapéuticas.

2. La Superación Activa de los Problemas. El terapeuta debe tomar en serio los problemas de sus pacientes y enfatizar su responsabilidad personal al momento de enfrentarlos. De ésta manera, resulta conveniente un trabajo que fomente la autoaceptación y la aceptación de sus anhelos existenciales. La actitud hermenéutica, permite decidir donde poner el acento en el tratamiento en cada caso.

3. La Comprensión. En éste principio de acción de la psicoterapia se trata de las causas ocultas de la enfermedad psíquica. Grawe (1995), resume éste aspecto de la acción psicoterapéutica en la formula de que: los significados implícitos deben ser explicitados. El enfoque hermenéutico procura en primer lugar configurar los significados subjetivos, de modo que es una variante del psicoanálisis.

4. La Activación de los Recursos. El principio operante de la activación de los recursos resaltado por la moderna investigación psicoterapéutica no es más que conocimiento psicológico cotidiano. La psicoterapia sólo comienza en el punto en que descubre y fortalece con métodos específicos las posibilidades positivas de los clientes y pacientes.

La conversación hermenéutica como modelo de psicoterapia, se trata de establecer una cierta unificación de la experiencia. De ésta manera se puede comprender que hablar sobre lo sucedido pueda servir para establecer un conjunto conexo y consistente de experiencias.

Así, cuando se ayuda a los pacientes a recordar su mundo vivencial, se llevan como diría Gadamer, a una determinación fundamental del ser humano. Esta concepción se basa en el hecho de que tenemos vivencias de las que somos concientes. En el recuerdo estas vivencias se estructuran para entender los significados. Tal comprensión de significados está estructurada de una forma totalmente distinta al procedimiento del conocimiento de las ciencias naturales. Aquí no se avanza de una cosa a la otra y nuevamente a la siguiente para abstraer de ellas lo general, sino que la vivencia individual es siempre ya una totalidad de significados, es algo conexo en sí mismo. Pero no obstante su significado está referido a este todo en una forma peculiar.

La Psicología Cognitiva Interpersonal de Safran y Segal (1991).

El enfoque cognitivo en psicologia y psicoterapia se ha convertido en uno de los enfoques actuales más aceptados y populares. Empero, el los años recientes algunos terapeutas cognitivos están insatisfechos con el estado actual de conocimientos y resultados y cuestionan los supuestos teóricos ampliamente aceptados.

Es así como se ha generado una importante renovación de éste modelo psicológico, sobre todo en lo referido a importantes aspectos del trabajo terapéutico, que hacen de éste modelo un modelo más comprensivo y relacional. Algunas de las nuevas áreas emergentes en la psicología cognitiva son: (1) Un mayor interés por experimentar con nuevas ideas y técnicas de otras tradiciones psicoterapéuticas (en especial con los abordajes humanistas experienciales y las terapias interpersonales); (2) Un creciente interés por los procesos inconscientes (aunque reformulados desde la psicologia cognitiva); (3) Una critica a los planteamientos filosóficos objetivistas (que se manifiesta en la corriente constructivista de la terapia cognitiva) y (4) La importancia central de la relación terapéutica como vía de cambio terapéutico.

Es precisamente desde el último punto reseñado de donde parte el enfoque de terapia cognitiva de Safran y Segal (1991). Tradicionalmente la terapia cognitiva de Aaron Beck y Albert Ellis habia omitido la importancia fundamental de la relación terapéutica como un elemento decisivo en la terapia, y no la consideraban un requisito previo para el proceso de cambio.

El supuesto central de la terapia cognitiva interpersonal es que el individuo siempre debe ser considerado como parte del sistema interpersonal en el que está participando. De la misma manera que ocurría en la psicoterapia conductual, reseñada en el punto anterior, el terapeuta cognitivo se venia presentando como un simple técnico que aplicaba unos protocolos de eficacia demostrada en diversos trastornos. Para Safran y Segal este enfoque representa solo los aspectos más superficiales del cambio psicoterapéutico, por lo cual se inclinan a hacer énfasis en los tres mecanismos específicos del cambio:

1. El descentramiento: Experimentar el propio papel en la construcción de la realidad.
2. El desmentido experiencial: Rebatir creencias disfuncionales acerca de si mismo y de otros, mediante nuevas experiencias.
3. El acceso a la información sobre disposiciones a la acción: Descubrir aspectos inconscientes de la propia experiencia interna.

Los tres mecanismos pueden ser activados mediante (A) La exploración de acontecimientos de la vida del paciente, sobretodo cuando se activa en la sesión sus componentes emocionales, o bien (B) La exploración de eventos de la misma relación terapéutica misma.

Para éste modelo cognitivo, la disfunción se genera en un contexto interpersonal temprano de vinculación afectiva con las figuras de apego de modo que el sujeto genera un "Esquema interpersonal" que vendría a ser una estructura de representación mental que contiene información sobre lo que el estilo subjetivo de que espera de los demás, como se valora a si mismo y a otros en las interacciones. 

También estos esquemas contienen el estilo o capacidad de autoconocimiento que el sujeto posee de si-mismo, de modo que determinadas informaciones-experiencias y significados, se pueden sesgar y apartar de su conciencia, aunque se manifieste de manera emocional, no verbal o somáticamente, de manera inconsciente (las llamadas tendencias a la acción inconsciente). El esquema interpersonal se conecta a determinados patrones de conducta interpersonal (verbal y no verbal) que tienden a ser complementado por las conductas, también interpersonales de los otros, formando una especie de ciclo circular de automantenimiento: Esquema interpersonal - conducta interpersonal de otros.

El terapeuta cognitivo trata de evaluar o analizar los procesos cognitivos centrales asociados al esquema interpersonal .Para ello contacta con muestras del ciclo cognitivo-interpersonal. La interacción terapéutica le va a proporcionar los indicadores de esas muestras (que por lo general serán mas fiables cuanto mayor sea el trastorno de personalidad del paciente y su repercusión relacional). El terapeuta utiliza la interacción terapéutica para evaluar el Esquema interpersonal asumiendo la posición de "observador participante " (Sullivan, 1953). Esto consiste en desarrollar la disciplina de atender a sus propios sentimientos y tendencias a la acción mientras participa en la interacción con el paciente; y en sustraerse a esa interacción para no confirmar el esquema interpersonal disfuncional. Desengancharse del influjo interpersonal del paciente consiste primero en advertir ese influjo y después en interrumpir las respuestas complementárias "metacomunicando" sus efectos. El problema se lleva entonces a como detectar l conducta del paciente que produce ese influjo. Aquí entran una serie de indicadores denominados "marcadores interpersonales", que se refieren a acciones del paciente que se vinculan a determinados sentimientos-disposiciones a la acción del terapeuta.

En todo este proceso lo más destacable es como el terapeuta mismo se convierte en fuente de evaluación.

Otros aspectos que utiliza el terapeuta para evaluar el esquema interpersonal del paciente consiste en explorar las rupturas de la alianza de trabajo terapéutico.

En cuanto a los "marcadores interpersonales" del paciente que pueden indicar una ruptura en la alianza terapéutica o problemas en esta se encuentran las siguientes conductas y comunicaciones del paciente:

(1) El paciente refiere de manera directa sentimientos y opiniones escépticas hacia las posibilidades de ayuda del terapeuta/terapia, (2) El paciente refiere de manera indirecta, con sarcasmos, escepticismo hacia las posibilidades de ayuda del terapeuta/terapia, (3) El paciente refiere relaciones terapéuticas anteriores problemáticas o insatisfactorias, (4) El paciente y el terapeuta presentan discrepancias sobre los objetivos de la terapia, (5) El paciente acata o consiente con demasiada facilidad y prontitud el planteamiento del terapeuta, (6) El paciente no responde a una intervención o tarea terapéutica, (7) El paciente activa dispositivos de seguridad (evitaciones cognitivas-emocionales-conductuales, o "defensas" o "resistencias").

La Psicología Antropológico – Existencial de Otto Dörr Zegers (1995).

Finalmente, la práctica del análisis existencial requiere por una parte, una familiaridad con la analítica existencial de Martin Heidegger, y a su a veces oscura terminología, y por otra parte, una dedicación intensiva y extensiva al caso individual a estudiar, considerándose como material ideal aquel que surge de la convivencia prolongada con el paciente. Ninguna de éstas dos condiciones puede cumplirlas con facilidad el psicólogo clínico, por lo que éste tipo de investigaciones y sobre todo su praxis, queda limitada a autores privilegiados, y los resultados de ellas no alcanzan la difusión necesaria.

De ahí la importancia de la llamada corriente antropológico – existencial en la psiquiatría, la que bajo el influjo del análisis existencial de Binswanger, pero sin el compromiso tan absoluto con la filosofía heideggeriana, ha tratado de aplicar el método fenomenológico al estudio de las formas psicopatológicas en la busca de legalidades de sentido entre la historia vital, la situación previa y los síntomas mismos en un doble afán hermenéutico y psicoterapéutico.


Bibliografía

AMAR, José. Reflexión sobre el Sufrimiento a partir del pensamiento de Karl Jaspers. En Psicología desde el Caribe. No. 7. Editores: Elsy Mejia y Jaime Sánchez. Universidad del Norte. 2001
DILTHEY, Wilhem. Teoría del Conocimiento. México: Fondo de Cultura Económica. 1945
DORR, ZEGERS. Otto. Psiquiatría Antropológica. Santiago: Editorial Universitaria. 1994
JASPERS, Karl. Psicopatología General. México: Fondo de Cultura Económica. 1993
NICOL, Eduardo. La Psicología de las Situaciones Vitales. México: Fondo de Cultura Económica. 1996
SÁNCHEZ, Jaime. EXISTENCIA: Fundamentos y Perspectivas de una Psicología de las Situaciones Vitales. Medellín: Ediciones Sísifo. 2005
SAFRAN Jeremy y SEGAL Zinder. Proceso Interpersonal en la Terapia Cognitiva. Paidós. 1996
SPRANGER, Eduard. La Experiencia de la Vida. Buenos Aires: Ediciones Realidad. 1949

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